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  PROBLEMAS DE FAMILIA: CÓMO RESOLVERLOS SEGÚN LA LEY

1) LA PRIMERA REACCIÓN ANTE UN CONFLICTO FAMILIAR ES TRATAR DE OCULTARLO

Cuando hay un problema en la familia ¿Qué hace normalmente una persona?
Se hace malasangre, se angustia, sufre, se enoja con quien siente que tiene la culpa del problema y esto la lleva a rendir menos en el trabajo, a tener mala relación con los amigos y un largo etcétera. Sin embargo no le resulta sencillo conversarlo con alguien que no esté involucrado en el conflicto, es decir, en cierta medida trata de ocultarlo en ese impersonal "todo bien" con que solemos saludar a nuestros conocidos.

Ese ocultamiento es porque el conflicto familiar es algo íntimo. Es lo que ocurre puertas adentro de nuestra casa hasta tal punto que, sólo excepcionalmente, si alguien tiene un amigo muy íntimo, llega a confiarle el problema. O a la mamá, con la que solemos mantener esa confianza incondicional aun cuando somos grandes, o al psicoanalista cuando lo tenemos. Pero en general el problema familiar queda puertas adentro.

2) CUANDO NO AGUANTAMOS MÁS EL CONFLICTO HACEMOS ALGO "POR LAS NUESTRAS" PARA MODIFICARLO, QUE SUELE PERJUDICARNOS

Cuando el problema nos provoca mucha presión y se va transformando en una situación de alto voltaje, a lo que se tiende es a tomar alguna medida para modificarlo. Esta es una conducta que podemos llamar normal en cualquier persona, incluso en cualquier animal, porque un conflicto agudo es vivenciado como un peligro para nuestra integridad, sea emocional o física. Ante una situación de peligro, o se le hace frente o se huye, pero en ambos caso se trata de realizar alguna acción para modificar eso que nos genera un grave conflicto.

Hasta aquí estamos ante el individuo librado a su reacción espontánea y nuestra preocupación en este tema es cómo resolverlo según la ley.

Desde la ley, o mejor dicho desde mi experiencia como abogado de familia, opino que en general las medidas espontáneas que la persona toma para modificar su crisis familiar, fallan. Tienen errores respecto del fin que se proponen, que es resolverla o limitar sus efectos.

¿Por qué fallan? Porque lo que se hace espontáneamente está guiado predominantemente por el sentimiento, por la pasión.

3) ANTE UN CONFLICTO FAMILIAR LO PRIMERO QUE CONVIENE HACER, ES CONSULTAR A UN ABOGADO DE FAMILIA

Entonces, antes de emprender cualquier acción destinada a modificar una situación familiar conflictiva, conviene consultar al abogado especializado en temas de familia. Parece algo obvio, pero normalmente no se llega a esta resolución hasta que el conflicto se transforma en una crisis, en que ya no queda otro camino que intentar alguna acción espontánea. No se trata sólo de hacer antes una consulta preventiva, sino también y fundamentalmente, una consulta aclaratoria y preparatoria de los pasos que es conveniente dar para que el abordaje a fondo del conflicto no sea tan cruento, costoso y con dosis tan grandes y perfectamente evitables de sufrimiento.

Si se trata de una persona que no tiene una actividad empresarial, normalmente no conoce abogados. Si se trata de alguien que tiene una actividad comercial o empresarial, conoce abogados, pero de una especialidad que no es derecho de familia.

4) LA VERGÜENZA Y LA DESCONFIANZA DE CONSULTAR AL ABOGADO – CÓMO SE CONSIGUE UN ABOGADO DE FAMILIA

¿Por qué no se hace esta consulta al abogado especializado antes de verse en la obligación de hacerlo por tener el agua al cuello?

Hay dos motivos:

Uno es la vergüenza, porque ir a hablar de lo que ocurre con la esposa, el marido, la pareja o los hijos, con alguien desconocido, es desnudar una intimidad que, se piensa, uno tiene que poder manejar solo, como supone que lo hace todo el mundo, de cuyas intimidades no se entera aunque haya confianza. Esta intimidad estuvo resguardada en el secreto compartido con el sacerdote hasta hace pocas generaciones, es decir en el diálogo silencioso que se tenía con Dios que, ante el retroceso de las prácticas religiosas, hoy enfrentan al individuo con su propia conciencia en la más absoluta soledad. Cuando uno sale de su casa no va contando a nadie su conflictiva familiar. El "todo bien" es la respuesta que el otro espera –y recibe- a la pregunta de "¿cómo estás?"

Entonces por un lado la vergüenza, y por otro lado la mala fama que suele tener el abogado y la expectativa que despierta cuando se va a consultarlo.

La mala fama del abogado se resuelve, normalmente, preguntando a alguien si conoce a un abogado que haga eso (temas de familia) y con el que le haya ido bien, o que uno se entere por la lectura de alguna entrevista que le hayan hecho en un diario, o por radio o por lo que pueda llegar a saber a través de Internet. Si es posible, lo que no siempre ocurre, está también la referencia de algún pariente o amigo que le dice a uno "a mí me ayudó el Dr. fulano".

5) QUÉ SE ESPERA DEL ABOGADO DE FAMILIA AL QUE SE CONSULTA

Pero, cuando se llega al abogado ¿Qué se espera de él?

Cuando se llega al abogado, se tiene la ilusión de que él va a resolver el problema.

Eso es una ilusión. ¿Por qué?

Porque lo más habitual es que muchas de las medidas que haya que tomar las debe ejecutar el cliente, y el abogado es quien asesora para que lo haga. El cliente puede aceptarlas o rechazarlas.

Veamos: Cuando el cliente llega al abogado suele estar emotivamente muy afectado. En la primera conversación le relata su problema. Este relato consiste en transmitirle el estado actual de su conflicto. Normalmente la historia de ese conflicto o no se cuenta o se la cuenta desde la óptica del sentimiento actual que tiene el cliente. Cuando el cliente viene con una historia del conflicto, esta historia ya está interpretada desde su sentimiento dolido, absolutamente sedimentada y, con harta frecuencia, con un culpable que es el otro o la otra. A veces, las menos, en esta historia el culpable es el cliente, siempre según su versión.

De este modo el cliente llega como víctima o victimario y juez de la historia que vivió.

Sabemos que uno es un juez muy parcial de sí mismo y, cuando se trata de juzgar a un juez, debe intervenir otro juez para sacar al primero de la obligación de tener que ser objetivo al juzgarse.

6) EN LA PRIMERA CONVERSACIÓN EL ABOGADO AYUDA AL CLIENTE A PENSAR SU CONFLICTO PARA TOMAR MEDIDAS QUE LO DESCOMPRIMAN

En el relato que hace el cliente al llegar, falta la otra versión, la de la otra parte, la del condenado en el relato o de la víctima de esa historia. En esa primera conversación con el abogado de familia, se intenta que el cliente se corra del lugar de único juez y pueda comprender aquellos aspectos de esa historia que tienen que ver con entender por qué el otro o la otra actuaron de cierta manera en el conflicto que trae. ¿Para qué? Para poder comprender en qué consiste el conflicto que padece ya que sólo lo percibe por el estado emocional que padece y, debemos destacarlo, sentir algo no es entenderlo, ya que para que lo podamos entender, además de sentirlo tenemos que poder pensarlo.

Para esto sirve el primer encuentro: poder entender qué es lo que está ocurriendo con el otro, comprendiendo cómo se llegó al estado actual del conflicto.

No se trata de justificar ninguna conducta, ninguna actitud, sino de comprender. Recién cuando comprendemos es que podemos realizar las acciones, movimientos y estrategias para modificar esa situación. Antes no.

La ilusión del cliente de que su conflicto lo resuelva el abogado o el juez, es que el abogado o el juez logren conseguirle todo lo que él o ella siente que le corresponde y que la otra parte le retacea, se niega a darle, o le quita. Es decir, se llega al estudio del abogado sintiendo que uno tiene razón en todo y que si hay Justicia se lo van a reconocer, le van a dar la razón, si no, no hay Justicia. Entonces, se pone al juez y al abogado en una situación de omnipotencia, como si realmente por su sola decisión pudiera dar o quitar de manera inmediata lo que la parte reclama, con independencia de un proceso que lleva tiempo y trabajo y que en nada se asemeja a los atributos justicieros que se le suelen adjudicar a Dios.



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