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 ¿CÓMO EVITAR QUE EL DIVORCIO DESTRUYA LA EMPRESA FAMILIAR?

Para explicarlo es necesario conocer algo de lo que dice la ley, y lo explicaré del modo más claro posible, como si estuviera conversando con un cliente en mi estudio.

HAY TRES MANERAS DE DIVORCIARSE

La primera manera de divorciarse es acusando al marido (o el marido a la esposa) de que es culpable de infidelidad, de abandono (cuando se va sin motivos del hogar), de injurias, etc. Lo fundamental aquí es que hay que probar eso que se dice del otro o de la otra, para que el juez los divorcie. Estos juicios duran muchísimos años, cuestan muchísimo dinero y todos pierden. Por estos motivos hoy casi nadie se divorcia de este modo, pero hasta hace treinta años era la única forma de divorciarse porque las otras dos maneras, que seguidamente veremos, no existían.

La segunda manera de divorciarse es de común acuerdo. Para ello el matrimonio tiene que tener un mínimo de dos años de casados. Es un juicio corto, no tienen que presentar ninguna prueba. El único trámite es que deben concurrir dos veces para hablar con el juez y explicarle los motivos por los que se quieren divorciar. Si al juez le parece que esos motivos justifican el pedido, los divorcia.

La tercera manera es cuando el matrimonio ya está separado desde hace por lo menos

dos años. En este caso cualquiera de los cónyuges puede pedir el divorcio, sin necesidad de que el otro o la otra esté de acuerdo. Pero el que lo pide tiene que probar que están separadados desde hace dos años o más. Es una prueba sencilla, por ejemplo con tres testigos que tienen conocimiento de esa separación. Luego de esta rápida prueba el juez los divorcia.

HAY DOS TIPOS DE BIENES QUE TIENEN LOS CONYUGES

A partir del momento en que se casan, todos los bienes que adquieran se llaman gananciales y cuando se divorcian le corresponde la mitad a cada uno, aunque esté a nombre de uno solo de ellos y cualquiera haya sido el que aportó el dinero para comprarlo. Sin embargo, si después de casados alguno de los cónyuges recibe una herencia o le regalan un bien, al divorciarse no los tendrá que compartir con el otro o la otra.

El otro tipo de bien es el que se llama propio , y es aquel que cada uno de los cónyuges tenía antes de casarse y los que hereda o le regalan después de casado, que antes mencionamos. Estos bienes no se reparten cuando se divorcian, siguen siendo del que los tenía.

HAY DOS TIPOS DE OBLIGACIONES ECONÓMICAS DE LOS QUE SE DIVORCIAN

Una es la obligación de pagar alimentos.

Si hay hijos menores de 21 años, se debe pagar alimentos para cubrir las necesidades que éstos tienen para vestirse, educarse, alimentarse, en fin, para hacer todos los gastos que requiere la vida de ellos. Esta obligación tiene que ser cubierta por el padre y por la madre, en proporción a su capacidad económica. Una dificultad emocional especial que tiene el cumplimiento de esta obligación, es que el dinero de los alimentos no lo reciben directamente los hijos, sino el progenitor con el cual viven, habitualmente la madre.

Respecto de la ex esposa o el ex marido, puede haber obligación de pagarle alimentos por el otro ex cónyuge, o puede no haberla. Si ella (o él) no trabaja, o si trabaja y gana muy poco, y el ex cónyuge tiene una empresa o un buen trabajo, es posible que la mujer (o el hombre) le reclame alimentos para ella (o para él).

La otra obligación económica es darle a la otra parte la mitad de los bienes gananciales.

Recordemos que los bienes gananciales son los que se adquieren después del matrimonio. Pero cada uno de estos bienes no se puede dividir en dos, por lo cual se distribuyen teniendo en cuenta los valores y la utilidad que cada uno pueda darle. En caso de no poder distribuirse por valores, cualquiera de los cónyuges puede pedir la venta para distribuirse el dinero que resulte.

Si hay una empresa, normalmente el propietario va a tratar de no tener que venderla, porque es el negocio del que vive. Para ello tendrá que compensar a su ex cónyuge, con dinero o bienes, el cincuenta por ciento que le corresponde. Si no se ponen de acuerdo se puede llevar a remate el negocio.

CUANDO CORRE RIESGO LA EMPRESA

De los tres tipos de divorcio hay uno que es una verdadera guerra: aquel donde hay que probar la culpa del otro. Los otros dos, en cambio, son mucho más pacíficos, sin embargo también en ellos puede haber guerra, ya que: para divorciarse de común acuerdo hay que negociar. Y si se opta por hacer el divorcio porque están separados hace más de dos años, hay que resolver la parte económica que también tiene que ser negociada.

En la negociación se trata de resolver los conflictos que tienen los que se divorcian. No siempre se resuelven todos los conflictos planteados, y eso puede llevar a una de las partes a pedir una medida judicial. Y esto es peligroso para la empresa.

Dijimos también que hay dos tipos de obligaciones económicas. Lo habitual es que de entrada no estén de acuerdo ni en el monto de los alimentos, ni en lo que deba pagar a la otra parte quien se queda con la empresa, por la mitad que le corresponde en la misma. Y esto es también peligroso para la empresa.

LOS PELIGROS QUE LLEVAN AL CIERRE DE LA EMPRESA

La empresa corre peligro cuando la mujer y el hombre no se ponen de acuerdo en la parte económica.

El riesgo que a la empresa le genera el tema de los alimentos, no es tan grande como cuando la dificultad entre las partes se refiere a la distribución del valor de la empresa.

La ley autoriza al cónyuge que no maneja la empresa a pedir medidas judiciales para impedir que quien la maneja lo defraude.

Estas medidas pueden ser embargos sobre ciertos bienes, inhibiciones contra la persona, bloquear el uso de la caja de seguridad, designación de un interventor judicial en el negocio, etc.

Todas estas medidas perturban el manejo de la empresa: si la persona está inhibida no puede vender ni sacar una hipoteca si la necesita, o si una propiedad está embargada es difícil que consiga un préstamo, y menos aun venderla. Pero la medida que perturba muy especialmente la marcha del negocio es la designación de un interventor judicial.

El interventor judicial es alguien que se instala dentro del negocio, controla todo lo que se hace e informa de ello al juez. El tiempo que le lleva al interventor hacer este control es mucho más lento que el de los negocios, con lo que frena el ritmo que el empresario o la empresaria tiene en su gestión. Además, todo lo que se hace estando el interventor, tiene que ser con los papeles a la vista.

No podemos decir que estas medidas de por sí lleven al cierre del establecimiento. No son las medidas sino el tiempo en que éstas se prolongan. Si estas medidas duran mucho tiempo, la empresa puede dejar de ser redituable al hacerse más lentos los ritmos de trabajo por el control del interventor, disminuyen los márgenes de beneficios y aumentan los costos enormemente. Los gastos del juicio también aumentan con la mayor duración y con la intervención de diferentes profesionales, todos los cuales se llevan un buen porcentaje del valor de la empresa. Entonces, además de lo que hay que pagarle al interventor, están los honorarios de los peritos que brindan sus servicios profesionales en el juicio, como los contadores, médicos, calígrafos, etc. y los mismos abogados de cada parte. Todo ese enorme gasto sale del valor del negocio.

Este costo, además de la incomodidad de estar en el propio negocio atado de manos, lleva a un estado de abatimiento que a veces puede llevar al cierre de la empresa.

Esta situación se llega a extremar cuando no es posible darle a la otra parte la mitad del valor de la empresa y se tiene que llegar a la venta o, en casos más extremos, al remate del negocio. En el mejor de estos casos se puede conseguir que alguien compre el negocio en funcionamiento para explotarlo. Pero esto es bastante difícil. Normalmente el negocio cierra y luego se venden las intalaciones y el inmueble.

COMO EVITAR EL CIERRE

En todo divorcio hay que recurrir al juez y para ello cada parte tiene que tener un abogado. Esto significa que por pacífico que sea un divorcio, siempre hay un juicio. Pero no es lo mismo hacer un juicio donde el hombre y la mujer están de acuerdo, que cuando no lo están.

Cuando hay recursos económicos de por medio no es fácil ponerse de acuerdo. Hay puntos donde no se coincidirá. Esto puede hacer necesario que se recurra al juez para reclamar por el derecho que se tiene y que no se pudo resolver hablando con la otra parte.

Los conflictos del aporte de alimentos y distribución de los bienes están entrelazados.

Para que la empresa caiga, tanto la mujer como el hombre tienen que tener actitudes intempestivas, es decir, dejarse llevar por la bronca. "A esa loca no le quiero dar nada" puede ser lo que mejor expresa el estado de ánimo de él, y en el caso de ella "Ud. no lo conoce Dr., es un hipócrita, un delincuente, sáquele todo". Siempre estas guerras judiciales son autodestructivas. Si la empresa cae, el ex cónyuge que la gestionaba pierde todo, pero esto también perjudica al otro ex cónyuge y a los hijos de ambos.

Para la guerra hacen falta dos. Si uno de ellos entra en razones y decide pelear sólo lo indispensable y no más, habrá perjuicios económicos pero se evitará la destrucción de la empresa. No es sencillo hacer entrar en razones a cualquiera de los dos, esa es tarea del abogado. "Entrar en razones" es dejar de pelear por el odio hacia el otro o la otra y sólo litigar cuando hace falta para defender el propio interés.

Cuando se llega a "entrar en razones" decrece la guerra judicial. No es que deja de haber pleitos, pero los mismos están en función de una estrategia destinada a conservar el negocio. Para ello será conveniente satisfacer algo del interés de "la ex" o "el ex" para que deje de atacar. Por ejemplo no presionar a la otra parte con el tema alimentario, que a la mujer suele volverla loca y desea asesinar al marido, y al marido, si él los reclama, le produce una furia sin límites por incrementarle el sentimiento humillación de tener que insistir en el pedido. Cuando se logra "entrar en razones" ya no se actúa por odio sino de acuerdo con los propios intereses.

El cierre del negocio por el juicio de divorcio se da cuando las dos partes deciden hacerse la guerra. Si una de ellas no quiere la guerra, pero de verdad, el negocio se salva.


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