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  DIVORCIO: FRAUDE EN LA DISTRIBUCIÓN DE LOS BIENES

1) HASTA EL AÑO 1926 LA MUJER CASADA NO TENÍA CAPACIDAD PARA EJERCER SUS DERECHOS, LE TENÍA QUE PEDIR PERMISO AL MARIDO

En el matrimonio, cuando había fraude en los bienes, la mujer era la víctima de su marido en tanto que, en nuestro derecho, ella tenía la capacidad jurídica disminuida porque era el esposo el que administraba todos los bienes. A ello se sumaba que sólo él tenía la capacidad para vender, hipotecar, etc., los bienes comunes, los gananciales. Y por si esto fuera poco, para que ella vendiera un bien propio, él tenía que autorizarlo.

Para que comprendan cuál era la situación de la mujer casada pensemos lo siguiente: todas las personas somos sujetos de derecho, seamos niños, adultos, varones, mujeres, casados, solteros, viudos. Un niño, por ejemplo, puede heredar, eso significa que es un sujeto de derecho.

Pero una cosa es tener reconocidos nuestros derechos como personas y otra, muy diferente, es que podamos ejercer nosotros mismos estos derechos que tenemos. Por ejemplo, un niño tiene derecho a estudiar, pero la mamá elige la escuela a la que va a concurrir. Bueno, con la mujer casada pasaba eso. El marido era quien tenía la facultad para administrar los bienes de ella y, como antes dije, si ella quería vender una propiedad que tenía de cuando era soltera, le tenía que pedir la venia a su esposo.

Ese era el sistema jurídico hasta 1926, en que se dictó la ley 11357, que autorizó a la mujer casada a administrar los bienes que consiguiera de su trabajo y también venderlos.

2) LA ESTAFA A LA MUJER CASADA ERA CON EL MANEJO QUE EL MARIDO HACÍA DE LOS BIENES GANANCIALES

Pero el problema de las estafas a las mujeres por parte de sus maridos era con el manejo de los bienes gananciales que hacía el varón.

¿Saben cuáles son los bienes gananciales?

Los que se adquieren después del casamiento, que en esa época los generaba el marido porque era el que podía trabajar y el que sostenía a la mujer y a los 10 u 11 hijos que era común tener en los matrimonios de esa época. En ese entonces los cónyuges no se podían divorciar, como hoy lo conocemos, pero podían pedir la separación personal, que era el divorcio sin autorización para casarse nuevamente. En todo lo demás la separación personal era idéntica al divorcio. Es decir, se decretaba la separación personal y los bienes gananciales se dividían en dos, la mitad para el marido y la otra mitad para la esposa.

3) CUANDO HABÍA UN PROBLEMA CON LA ESPOSA EL MARIDO PODÍA PONER LOS BIENES A NOMBRE DE OTRA PERSONA Y LA DEJABA EN LA CALLE

Entonces ¿qué pasaba? Como los bienes gananciales en general los compraba el marido y estaban a su nombre, cuando había algún problema entre él y su esposa, para no compartir con ella los bienes gananciales, ponía estos bienes a nombre de otro. Figuraba una venta, todo legal en las formas, pero la mujer quedaba en la calle con todos los hijos, y el que era capaz de hacerle eso a su esposa, también era capaz de no brindarle alimentos para sus hijos. Era un drama.

4) EN 1968 SE DICTÓ UNA LEY QUE OBLIGABA A QUE LA ESPOSA AUTORIZARA LAS VENTAS PARA EVITAR SER ESTAFADA

Entonces, el fraude originario en estos temas fue el que el marido hacía contra la mujer. Para evitar este fraude, en 1968 se dictó la ley 17.711 que estableció que para la venta o gravamen (como hipoteca o prenda) de cualquier bien ganancial que requiriera registro, como los inmuebles, los autos, etc., hacía falta el asentimiento del otro cónyuge.

De esa manera se evitaban los fraudes que se produjeron en una época donde no había tantos divorcios, tantas separaciones personales, pero las había, y ahí donde las había, en muchos casos la mujer perdía.

Esto limitó la posibilidad del marido para defraudar a la esposa. Sin embargo hay diferentes recursos para enajenar bienes gananciales a espaldas del cónyuge, como ser poder especial dado por la esposa, el asentimiento dado por escrito respecto de un bien sin límite de tiempo, etc. Recursos que hoy, como ya la mujer está legitimada para trabajar y vender sus bienes, aunque esté casada, también suele hacerlo respecto de su marido.

5) PARA EVITAR OTRAS FORMAS DE ESTAFA ENTRE LOS CÓNYUGES SE AUTORIZÓ PEDIR AL JUEZ "MEDIDAS CAUTELARES"

Para evitar estos fraudes, en la última modificación del código procesal se admiten medidas, denominadas cautelares, que fueron una revolución en nuestro derecho. Estas medidas permiten que el juez, con muy pocas pruebas, frene una situación en la que un cónyuge podía privar al otro de un bien común.

Una medida cautelar es un pedido que se le hace al juez, de urgencia, para que no se defraude en alguna propiedad o en algún derecho a uno de los cónyuges. Si bien en 1987 la ley 25.515 introdujo una modificación en el Código Civil por la cual el juez podía tomar medidas rápidas de este tipo, su introducción en el Código Procesal amplió esta posibilidad hasta el punto de admitir medidas protectoras, acordes a la naturaleza del perjuicio que se quería evitar.

Por ejemplo, la mujer le da un poder especial irrevocable a un tercero, amigo del marido, para vender un bien que es ganancial y que está a nombre de ella. Hay problemas en el matrimonio y ella teme que ese tercero venda la propiedad a un precio que no sea el real para defraudarla en la parte que no figura.

¿Qué medidas puede tomar? Por un lado enviarle una carta documento al tercero revocándole el poder e intimándole que se abstenga de vender. Pero esa carta documento no garantiza que la venta no se haga, ya que pueden intentar hacer una venta en que figure una fecha anterior a la de esa carta. Para evitarlo se puede pedir como medida cautelar al juez, que embargue el 50% de ese inmueble y que ese embargo se inscriba en el Registro de la Propiedad Inmueble. Es una medida rápida. Entonces se puede frenar la venta ya que cuando el Escribano que tiene que hacer la escritura de venta pide un informe al Registro de la Propiedad, se le informa que está embargado el 50% de dicho inmueble. De este modo se frena la venta y con ello el fraude.



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